Revista VidaEstética & Spa #515
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Revista Vida Estética & Spa

Cabello, estrés y estilo de vida: lo que el profesional debe saber para asesorar mejor en 2026

En los últimos años, muchos profesionales de la peluquería han detectado un cambio claro en las consultas de sus clientes. Ya no se trata solo de color, corte o forma, sino de problemas recurrentes relacionados con caída, sensibilidad del cuero cabelludo, pérdida de densidad, encrespamiento persistente o falta de brillo. En la mayoría de los casos, el origen no está únicamente en el cabello, sino en el estilo de vida.
De cara a 2026, entender la relación entre cabello, estrés y hábitos cotidianos se convierte en una competencia clave para el peluquero profesional.
El estrés como factor silencioso en la salud capilar
El estrés sostenido afecta directamente al ciclo del cabello. Alteraciones hormonales, inflamación del cuero cabelludo y cambios en la microcirculación son consecuencias habituales de ritmos de vida acelerados, falta de descanso y sobrecarga emocional.
Desde el punto de vista profesional, esto explica por qué muchos servicios no ofrecen el resultado esperado si no se tiene en cuenta el contexto del cliente. El cabello no responde igual cuando el organismo está en desequilibrio.
Cambios de hábitos, cambios en el cabello
Teletrabajo, mala higiene del sueño, alimentación irregular, uso prolongado de dispositivos digitales o entrenamientos intensivos son factores cada vez más frecuentes en la vida del cliente actual. Estos hábitos se reflejan en el cabello y el cuero cabelludo.
El profesional que sabe leer estas señales puede ajustar su asesoramiento, recomendar servicios más adecuados y evitar promesas poco realistas. El objetivo no es medicalizar la peluquería, sino ampliar la mirada.
El nuevo enfoque del diagnóstico capilar
En 2026, el diagnóstico ya no puede limitarse a observar el cabello. Debe incluir preguntas clave sobre estilo de vida, rutinas diarias y nivel de estrés percibido. Esta información permite contextualizar el estado capilar y diseñar propuestas más coherentes.
Cuando el cliente siente que el profesional entiende su situación global, la relación se fortalece. El servicio deja de ser superficial y pasa a tener un componente de acompañamiento real.
Servicios adaptados a un cliente más exigente
Este nuevo escenario impulsa servicios orientados a la calma, la recuperación y el equilibrio. Tratamientos de cuero cabelludo, rituales sensoriales, servicios de mantenimiento progresivo y propuestas que priorizan la salud capilar ganan protagonismo frente a los cambios radicales.
Para el salón, esto supone una oportunidad de diversificación y diferenciación, alejándose de la lógica de impacto inmediato y acercándose a una peluquería más consciente.
Comunicación honesta y expectativas realistas
Uno de los grandes valores del profesional en este contexto es la honestidad. Explicar que ciertos resultados requieren tiempo, constancia y ajustes en los hábitos del cliente refuerza la credibilidad del salón.
El cliente de 2026 agradece la transparencia. Prefiere un profesional que explique límites a uno que prometa soluciones rápidas sin fundamento.
El peluquero como figura de confianza
Sin invadir otros ámbitos profesionales, el peluquero se consolida como una figura de confianza. Alguien que escucha, observa y orienta desde su experiencia. Este rol refuerza el vínculo emocional con el cliente y aumenta la fidelización.
La peluquería se convierte así en un espacio donde no solo se cuida la imagen, sino también el bienestar.
Entender la relación entre cabello, estrés y estilo de vida es una de las claves para asesorar mejor en 2026. El profesional que amplía su mirada, adapta sus servicios y comunica con criterio estará mejor preparado para responder a las nuevas demandas del cliente.
La peluquería del futuro no solo trabaja el cabello, trabaja a la persona en su contexto. Y ahí reside su verdadero valor.

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La estética consciente: cuándo decir no también es profesionalidad

Durante años, el sector de la estética ha estado sometido a una presión constante: responder a la demanda del cliente, ofrecer soluciones rápidas y adaptarse a un mercado cada vez más competitivo. Sin embargo, la madurez del sector y la evolución del cliente están marcando un cambio profundo. En 2026, decir no también será una muestra clara de profesionalidad.
La estética consciente no se basa en hacer más, sino en hacer mejor. Implica criterio, ética y una lectura responsable de cada caso.
El valor de poner límites en cabina
No todos los tratamientos son adecuados para todas las pieles, ni todos los momentos son los correctos para intervenir. La profesional que sabe detectar cuándo un tratamiento no es conveniente protege la salud del cliente y la reputación del centro.
Decir no evita resultados indeseados, frustraciones y problemas posteriores. Lejos de generar rechazo, este límite bien comunicado suele reforzar la confianza del cliente.
El cliente de 2026 valora la honestidad
El cliente actual está más informado y es más consciente de los riesgos asociados a tratamientos agresivos o mal indicados. Prefiere una profesional que explique por qué no recomienda algo a una que accede sin criterio.
La honestidad se convierte en un valor diferencial. El cliente entiende que el centro prioriza su bienestar por encima de una venta puntual.
Estética consciente y reputación profesional
Cada decisión en cabina construye o debilita la reputación del centro. La estética consciente se traduce en coherencia entre lo que se promete y lo que se hace. Esto genera una imagen sólida, fiable y profesional.
A medio y largo plazo, esta coherencia atrae a un perfil de cliente más alineado con el cuidado real de la piel y menos dependiente de soluciones milagro.
Impacto en el negocio
Aunque pueda parecer contradictorio, decir no puede ser una estrategia de negocio inteligente. Reduce reclamaciones, aumenta la satisfacción del cliente y mejora la fidelización.
Además, permite reconducir la consulta hacia alternativas más adecuadas: tratamientos progresivos, planes de cuidado o simplemente tiempo de espera. El centro mantiene la relación sin comprometer su criterio.
Comunicar el no con profesionalidad
La clave no está solo en negar, sino en explicar. Un no bien argumentado, con razones claras y alternativas, se percibe como un acto de cuidado. La comunicación empática es fundamental para que el cliente se sienta acompañado y no rechazado.
Este tipo de conversación refuerza el rol de la esteticista como experta y asesora, no como mera ejecutora.
Una estética más madura y sostenible
La estética consciente es un reflejo de un sector que madura. Se aleja de la sobreintervención y apuesta por procesos respetuosos, personalizados y sostenibles en el tiempo.
En 2026, los centros que destaquen serán aquellos capaces de combinar técnica, sensibilidad y ética profesional.
Decir no, cuando es necesario, es una forma de cuidar. La estética consciente coloca la salud, el bienestar y la honestidad en el centro del servicio.
Porque la verdadera profesionalidad no está en hacerlo todo, sino en saber cuándo no hacerlo. Y esa decisión, lejos de restar, eleva el valor del centro y del oficio.

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Laura Mendoza: mentalidad, estructura y negocio en la nueva peluquería profesional

La peluquería profesional vive un momento de cambio profundo. Más allá de la técnica y la creatividad, cada vez más salones se enfrentan a retos relacionados con la rentabilidad, la gestión del tiempo, la toma de decisiones y la mentalidad empresarial. En este contexto, el talento por sí solo ya no garantiza crecimiento ni estabilidad.
Desde TOCADO, hablamos con Laura Mendoza, mentora especializada en negocio y mentalidad para peluqueros y propietarias de salón, que trabaja con profesionales de distintos países acompañándolos a ordenar su empresa, entender sus números y construir proyectos sostenibles sin renunciar a la profesión.
En esta entrevista abordamos los bloqueos más habituales del sector, la importancia de pensarse como empresario y las claves para salir del autoempleo y avanzar con claridad.
 
TOCADO:Laura, trabajas con peluqueros y propietarios de salones de distintos países. ¿Cuál dirías que es hoy el principal bloqueo que impide a muchos profesionales hacer crecer su negocio?
Laura Mendoza:El principal bloqueo no es la técnica, es la mentalidad.
Muchos profesionales siguen viendo su salón como un lugar donde “trabajan mucho” y no como una empresa que debe funcionar incluso cuando ellos no están.
Hay mucho talento, muchísimas horas y un nivel técnico altísimo, pero falta conciencia empresarial. No conocen sus números, no miden su rentabilidad, no saben cuánto les cuesta realmente cada servicio ni cuánto deberían ganar. Y cuando no dominas tus números, trabajas a ciegas.
A eso se le suma otro bloqueo importante: el miedo a cambiar.
Miedo a subir precios, a poner límites, a delegar, a dejar de hacerlo todo ellos mismos. Siguen atrapados en el autoempleo, creyendo que trabajar más horas es la solución, cuando en realidad el crecimiento llega trabajando mejor, no más.
TOCADO:Durante años se ha puesto el foco casi exclusivamente en la técnica. ¿En qué momento crees que el peluquero necesita empezar a pensarse como empresario?
Laura Mendoza:El peluquero necesita pensarse como empresario desde el momento en el que empieza a cobrar por su trabajo.
La técnica es fundamental, pero sin gestión el talento termina agotando. Muchos profesionales facturan bien, trabajan sin parar y aun así no ven reflejado ese esfuerzo en su calidad de vida.
El cambio llega cuando entienden que su salón no es solo un lugar donde trabajar, sino una empresa que debe ser rentable y sostenible. Pensarse como empresario no es dejar la profesión, es poner estructura, orden y valor a su talento para que el negocio trabaje a su favor y no al revés.
TOCADO:Hablas mucho de estructura y claridad. ¿Qué aspectos del negocio suelen estar más desordenados en los salones y generan mayor desgaste?
Laura Mendoza:Los mayores desgastes en los salones no vienen del trabajo en sí, sino del desorden interno.
Hay cuatro áreas que casi siempre están desestructuradas y son las que más energía roban.
La primera son los números. Muchos salones no saben exactamente cuánto ganan, cuánto les cuesta cada servicio o qué margen real tienen. Trabajan mucho, facturan, pero sin control ni dirección, y eso genera una inseguridad constante.
La segunda es la gestión del tiempo. Jornadas interminables, agendas mal organizadas y poca planificación. Se confunde estar ocupado con ser productivo, y eso acaba quemando al equipo y al propio propietario.
La tercera es el equipo. Falta de roles claros, de liderazgo y de comunicación. Cuando no hay estructura, el propietario acaba haciendo de todo y el equipo no sabe exactamente qué se espera de él.
Y por último, los precios y los procesos. Servicios mal calculados, protocolos poco definidos y decisiones tomadas por intuición más que por datos. Todo esto genera caos, estrés y sensación de no avanzar.
Cuando pones estructura en estas áreas, el negocio se ordena, el desgaste baja y vuelve algo fundamental: la tranquilidad.
TOCADO:Muchos profesionales sienten que trabajan mucho, pero avanzan poco. Desde tu experiencia, ¿qué cambios de mentalidad son imprescindibles para salir de ese bucle?
Laura Mendoza:El cambio empieza cuando el profesional entiende que trabajar más horas no significa avanzar más.
Salir de ese bucle implica dejar de verse como autoempleado, poner límites claros y empezar a tomar decisiones con estrategia y datos, no solo con esfuerzo.
Cuando el peluquero aprende a trabajar mejor, con foco, estructura y control de sus números, recupera el rumbo, la ilusión y el crecimiento real.
TOCADO:El miedo a subir precios, a delegar o a tomar decisiones estratégicas sigue muy presente en peluquería. ¿Cómo se empieza a romper con esos límites?
Laura Mendoza:Ese miedo se rompe con información y consciencia, no con valentía improvisada.
La mayoría de los profesionales no tienen miedo a subir precios o a delegar, tienen miedo a equivocarse porque no tienen datos ni estructura detrás.
Cuando entiendes tus números, sabes cuánto vales, cuánto cuesta tu negocio y qué decisiones son necesarias, el miedo baja y aparece la seguridad. Delegar deja de ser una pérdida de control y se convierte en una herramienta de crecimiento. Subir precios deja de ser un riesgo y pasa a ser una consecuencia lógica.
Romper esos límites es dejar de decidir desde la emoción o el agotamiento y empezar a hacerlo desde la claridad.
Y cuando hay claridad, las decisiones pesan menos y el negocio empieza a avanzar de verdad.
 
La conversación con Laura Mendoza pone palabras a una realidad que muchos profesionales de la peluquería viven en silencio: el agotamiento no viene de la técnica, sino de la falta de estructura y visión empresarial. Entender el negocio, tomar decisiones con datos y cambiar la mentalidad del autoempleo al liderazgo consciente se convierte en una necesidad para quienes quieren sostener su salón en el tiempo.
Desde TOCADO, seguimos dando voz a perfiles que ayudan a la peluquería profesional a evolucionar desde dentro, con claridad, criterio y una mirada estratégica hacia el futuro.

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Ribbed Hair: la técnica de corte que transforma la textura y el movimiento del cabello

En un momento en el que la peluquería profesional busca diferenciarse más allá del acabado visible, el ribbed hair se posiciona como una de las técnicas más interesantes a nivel conceptual y sensorial. No es solo un estilo ni una moda puntual, sino una forma distinta de entender el corte y la relación entre el cabello, el movimiento y la experiencia del cliente.
El ribbed hair propone una lectura tridimensional del cabello, donde la estructura, el peso y la dirección cobran tanto protagonismo como el resultado final.
Qué es exactamente el ribbed hair
El término ribbed hace referencia a una estructura “acanalada” o estriada. Aplicado al cabello, describe una técnica de corte en la que el pelo se trabaja creando líneas y patrones que generan relieve, ritmo y movimiento natural.
A diferencia de otros cortes texturizados, el ribbed hair no busca desfilados evidentes ni capas tradicionales. El objetivo es que el cabello se separe, se desplace y se reorganice de forma orgánica, creando una sensación táctil y visual muy particular.
Una técnica que se siente, no solo se ve
Uno de los aspectos más diferenciales del ribbed hair es la experiencia sensorial. Durante el corte, el cliente percibe cómo cada mechón se libera del peso y se separa del conjunto. El cabello cae de forma más ligera y dinámica, sin rigidez.
Para el profesional, el proceso también es distinto. El peluquero observa cómo las líneas verticales del cabello largo se transforman en una nueva estructura horizontal, dando lugar a un corte con identidad propia.
La importancia de la estructura y el punto de partida
El ribbed hair no es una técnica improvisada. Requiere una lectura muy precisa del punto de partida: longitud, densidad, dirección natural del cabello y comportamiento del crecimiento.
En muchos casos, se trabaja sobre cabellos largos o medios, donde el contraste entre peso y ligereza es más evidente. También puede potenciarse sobre bases previamente aclaradas o con raíces trabajadas, ya que el contraste visual refuerza la percepción de la estructura.
Diferencias frente a otros cortes texturizados
A diferencia del shag, del corte en capas clásicas o de los desfilados agresivos, el ribbed hair no busca volumen inmediato ni una forma reconocible al instante. Su valor está en el movimiento, en cómo el cabello responde al tacto y al paso del tiempo.
Es un corte que gana fuerza en el día a día del cliente, cuando el cabello se mueve, se recoge o se deja caer de forma natural.
Para qué tipo de cliente funciona mejor
El ribbed hair conecta especialmente bien con clientes que buscan:
– Sensación de ligereza sin perder longitud– Un corte con personalidad, pero sin rigidez– Movimiento natural y poco esfuerzo de styling– Un resultado que evoluciona bien con el crecimiento
No es un corte para quien busca estructuras muy pulidas o acabados excesivamente controlados, sino para perfiles que valoran la naturalidad y la experiencia.
El papel del profesional
Trabajar ribbed hair exige precisión, observación y confianza en la técnica. No se trata de reproducir un patrón, sino de interpretar cada cabeza y cada cabello.
Este tipo de corte posiciona al peluquero como creador y no como ejecutor, ya que cada resultado es único y depende directamente del criterio profesional.
Ribbed hair como tendencia de autor
Más que una tendencia masiva, el ribbed hair se mueve en el terreno de la peluquería de autor. Es una técnica que habla de sensibilidad, de respeto por la materia prima y de una forma más consciente de trabajar el cabello.
En un sector donde muchas propuestas se replican rápidamente, el ribbed hair destaca precisamente por su dificultad para ser estandarizado.
 
El ribbed hair representa una evolución en la forma de entender el corte. No busca imponerse visualmente, sino dialogar con el cabello, con su peso y con su movimiento natural.
Para el profesional, es una técnica que invita a mirar, sentir y decidir con criterio. Para el cliente, una experiencia diferente que transforma la relación con su propio cabello. Y para la peluquería, una demostración de que la técnica sigue siendo el corazón del oficio cuando se trabaja con intención.

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De ejecutor a asesor: el nuevo rol del peluquero profesional en 2026

Durante mucho tiempo, el peluquero ha sido percibido principalmente como un ejecutor técnico: alguien que interpreta una petición y la materializa con habilidad. Sin embargo, el contexto actual del sector y la evolución del cliente están transformando profundamente este rol. De cara a 2026, la peluquería profesional avanza hacia un modelo donde el verdadero valor no está solo en saber hacer, sino en saber asesorar.
Este cambio no es una tendencia pasajera, es una consecuencia directa de un cliente más informado, más exigente y con una relación distinta con su imagen.
El cliente ya no busca solo resultados, busca criterio
El acceso masivo a información ha cambiado las reglas del juego. Hoy el cliente llega al salón con referencias visuales, ideas previas y expectativas formadas. Pero también llega con dudas, contradicciones y, en muchos casos, decisiones poco alineadas con su cabello real o su estilo de vida.
Aquí es donde el peluquero deja de ser un mero ejecutor para convertirse en asesor. Su función ya no es reproducir una imagen, sino interpretar, filtrar y proponer. Explicar qué es viable, qué no lo es y por qué. Este acompañamiento profesional genera confianza y posiciona al salón en un nivel superior.
Asesorar implica asumir responsabilidad
Ser asesor implica asumir un rol más activo y, en ocasiones, más incómodo. Decir no cuando una petición no es adecuada, explicar límites técnicos o advertir sobre el mantenimiento real de un servicio requiere seguridad profesional y criterio.
Sin embargo, esta honestidad es uno de los factores que más fideliza. El cliente valora sentirse cuidado y guiado, no simplemente complacido. En 2026, la autoridad profesional se construye desde la coherencia, no desde la complacencia.
El conocimiento transversal como base del nuevo rol
El peluquero asesor necesita una visión más amplia. No basta con dominar la técnica. Es necesario entender de cuero cabelludo, cosmética capilar, hábitos del cliente, tiempos de mantenimiento y estilo de vida.
Este conocimiento transversal permite diseñar propuestas realistas y sostenibles. El servicio deja de ser puntual y se convierte en parte de un plan. El cliente ya no consume una cita, entra en un proceso.
Impacto directo en la percepción del precio
Cuando el peluquero asesora, el precio deja de ser el eje de la conversación. El cliente no compara servicios, compara experiencias y confianza. El asesoramiento profesional justifica tickets más altos porque aporta valor antes incluso de comenzar el servicio técnico.
Este cambio es clave para la rentabilidad del salón. No se trata de trabajar más, sino de trabajar con mayor criterio y mejor posicionamiento.
El asesoramiento como herramienta de diferenciación
En un mercado saturado de imágenes y modas, el asesoramiento se convierte en un elemento diferenciador. Mientras muchos salones compiten por reproducir tendencias, el peluquero asesor construye identidad.
Esta identidad no depende de una moda concreta, sino de una forma de trabajar. El cliente reconoce el estilo del profesional, su coherencia y su capacidad para adaptar cada propuesta a la persona que tiene delante.
Formación y mentalidad: las claves del cambio
Pasar de ejecutor a asesor requiere formación continua, pero también un cambio de mentalidad. Implica asumir que el tiempo dedicado a escuchar, observar y explicar es parte del servicio, no un extra.
Los salones que entienden esto reorganizan sus tiempos, sus agendas y su comunicación. El asesoramiento deja de ser improvisado y pasa a formar parte de la experiencia profesional.
En 2026, el peluquero que marque la diferencia no será el que ejecute más rápido ni el que domine la última técnica viral, sino el que sepa acompañar al cliente con criterio, honestidad y visión.
Convertirse en asesor no significa perder creatividad, significa darle sentido. Porque cuando el profesional lidera la decisión, el resultado no solo se ve mejor, también se vive mejor.

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Estética y salud emocional: el papel del centro en el bienestar del cliente

En los últimos años, los centros de estética han dejado de ser únicamente espacios de tratamiento físico para convertirse en lugares de pausa, cuidado y reconexión. De cara a 2026, esta evolución se acentúa: la estética profesional asume un papel cada vez más relevante en el bienestar emocional del cliente.
Sin sustituir a otros ámbitos profesionales, el centro de estética se posiciona como un espacio seguro donde el cliente se siente escuchado, cuidado y comprendido.
La cabina como espacio de calma
El ritmo acelerado de la vida actual, la sobreexposición digital y el estrés cotidiano han incrementado la demanda de experiencias que aporten calma real. La cabina se transforma en un entorno donde el tiempo se desacelera y la atención es plena.
El silencio, la luz, el tacto profesional y la presencia consciente de la esteticista forman parte del tratamiento tanto como la técnica aplicada. Este contexto influye directamente en la percepción del resultado.
La relación profesional-cliente como eje del bienestar
La confianza es un elemento central en estética. El cliente se expone física y emocionalmente, y espera un trato respetuoso, empático y profesional. La esteticista, desde su escucha y criterio, contribuye a generar una experiencia que va más allá del resultado visible.
Este vínculo no se construye con promesas exageradas, sino con coherencia, honestidad y acompañamiento. Cuando el cliente se siente cuidado, su fidelidad aumenta.
Tratamientos que respetan el ritmo del cliente
La salud emocional también implica respetar tiempos y límites. No todos los clientes necesitan cambios drásticos ni estímulos intensos. En muchos casos, el bienestar pasa por tratamientos suaves, progresivos y adaptados al momento vital de la persona.
Este enfoque refuerza la profesionalidad del centro y reduce la presión por ofrecer resultados inmediatos a cualquier precio.
El impacto en la percepción del valor
Cuando la estética se vive como una experiencia de bienestar, el valor del servicio se redefine. El cliente no evalúa solo el resultado estético, sino cómo se ha sentido durante el proceso.
Esto permite al centro diferenciarse, justificar mejor sus tarifas y atraer a un perfil de cliente más consciente y alineado con este tipo de propuesta.
Cuidar al cliente sin invadir otros ámbitos
Es importante subrayar que el papel emocional del centro no implica asumir funciones que no le corresponden. Se trata de ofrecer un entorno profesional, respetuoso y humano, donde el cliente pueda sentirse acompañado sin juicios ni presiones.
Esta claridad protege tanto al cliente como a la profesional y refuerza la ética del centro.
La estética profesional de 2026 entiende que cuidar la piel también es cuidar a la persona. El centro se consolida como un espacio donde la técnica convive con la escucha, la calma y el respeto.
Integrar el bienestar emocional en la experiencia estética no es una estrategia puntual, es una forma de entender el oficio. Y será uno de los grandes valores diferenciales del sector en los próximos años.

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Raquel Paños: liderar equipos desde la emoción, no desde el control

Durante años, en peluquería se ha hablado de técnica, creatividad y negocio, pero poco de algo que hoy resulta decisivo para la supervivencia de los salones: la gestión emocional y el liderazgo de equipos.
Raquel Paños conoce el sector desde dentro. Peluquera de formación, mentora y coach especializada en liderazgo consciente, acompaña a profesionales y equipos a gestionar personas, conflictos, motivación y equilibrio emocional en un entorno tan exigente como el salón.
Desde Tocado, hablamos con ella para profundizar en qué significa liderar hoy, cómo sostener equipos sin agotarse en el intento y por qué el bienestar emocional ya no es un lujo, sino una necesidad estratégica.
Tocado:Raquel, vienes del mundo de la peluquería y hoy trabajas como coach y mentora de equipos. ¿En qué momento detectas que el verdadero problema en los salones no es la técnica, sino la gestión emocional?
Raquel Paños:Lo descubrí liderando mi propio equipo, tras pasar varios momentos de caos, cuando entendí que cada persona es diferente y que yo no estaba ahí para cambiar a nadie, sino para acompañar y potenciar el talento de cada uno. Cuando dejé de liderar desde el control y empecé a hacerlo desde la escucha, todo empezó a ordenarse.
Luego empecé a dar formaciones técnicas sobre alisados para una marca y ahí detecté que todos los salones repetían el mismo patrón: la técnica no era el problema, era la falta de comunicación con el equipo y la ausencia de una estructura de trabajo clara. Durante ese año me formé en coaching y liderazgo para trabajarlo con mi propio equipo, pero al ver que podía ayudar, decidí aportarlo también a quienes conocía.
Tocado:Muchos propietarios de salón se sienten desbordados por la gestión de personas. ¿Qué errores emocionales se repiten con más frecuencia en el liderazgo dentro de la peluquería?
Raquel Paños:El error más habitual es tratar a todas las personas por igual, esperando que funcionen de la misma manera. No se escucha de forma individual ni se potencia el talento propio de cada miembro del equipo.
Además, suele faltar estructura: no hay roles claros ni una guía que sostenga al equipo. Sin una estructura emocional ni organizativa, las personas se desorientan y el líder, propietario del salón, acaba agotado intentando sostenerlo todo solo o sola.
Tocado:Se habla mucho de liderazgo, pero poco de cómo ejercerlo sin caer en el agotamiento. ¿Es posible liderar un equipo sin perder el equilibrio personal?
Raquel Paños:Sí, pero empieza por el autoliderazgo. Si uno, como líder, no se conoce a sí mismo, no se cuida y no tiene límites claros, el equipo lo acaba reflejando.
El equilibrio aparece cuando hay una estructura de negocio clara, normas compartidas y, sobre todo, una comunicación honesta y coherente. Liderar no es cargar con todo, es poner foco en aquello que quiero conseguir.
Tocado:En un salón conviven prisas, clientes, presión económica y egos. ¿Cómo se construye un clima emocional sano en un entorno tan intenso?
Raquel Paños:La tensión va a existir siempre, es parte de este sector y de todos los que tienen negocio y trabajan con personas. Un clima emocional sano se construye creando espacios de comunicación, fomentando la cultura de ayuda y definiendo bien los roles de cada persona.
Cuando hay planificación y estrategia, la presión económica disminuye y el equipo entiende que el resultado del salón es una responsabilidad compartida, no una carga individual.
Tocado:¿Qué papel juega la comunicación emocional en la retención de talento dentro de los equipos de peluquería?
Raquel Paños:Es clave. Las personas no se van solo por dinero o por técnica, se van cuando no se sienten vistas ni escuchadas.
La comunicación emocional no significa invadir la vida personal del equipo, sino crear conversaciones donde haya claridad, reconocimiento y oportunidades de crecimiento. Cuando eso existe, el talento se queda.
Tocado:Muchas veces el líder fue antes un gran técnico. ¿Qué cambio interno debe hacer un peluquero cuando pasa de “hacer” a “liderar”?
Raquel Paños:El cambio más grande es de mentalidad. Tiene que entender que ya no solo es técnico, también es empresario. Liderar implica dejar de estar únicamente en el hacer para empezar a crear estructura, visión y dirección.
Ese cambio genera miedo y bloqueo, porque no nos han enseñado a liderar personas. Es muy importante pedir ayuda para empezar a liderar desde la seguridad y no desde la improvisación, además de confiar en tu entorno, si es el adecuado.
Tocado:Hablas de liderar desde el equilibrio. ¿Qué significa exactamente ese concepto aplicado al día a día de un salón?
Raquel Paños:Para mí, liderar desde el equilibrio es liderar desde la coherencia entre lo que pienso, siento y hago. Estar alineada con mis valores y respetar mis límites.
El equilibrio no es hacerlo todo, es saber sostener el negocio sin olvidarte de ti. Y cuando haces ese cambio, el equipo y los clientes lo notan, incluso sin decirlo.
Algo muy importante es no decir al equipo lo que tiene que hacer, sino guiarlo sobre cómo hacerlo de forma clara y, sobre todo, con paciencia.
Tocado:Para cerrar, ¿qué primer paso recomendarías a un profesional que siente que su equipo le supera emocionalmente?
Raquel Paños:El primer paso es revisar la estructura del salón: organización, finanzas y roles claros. El orden externo genera calma interna y te permite liderar con más claridad.
Después, identificar qué situaciones les están bloqueando emocionalmente y tomar decisiones, incluso incómodas. Y, si es necesario, pedir ayuda. Liderar también es saber cuándo no hacerlo solo.

El liderazgo en peluquería ya no puede basarse únicamente en la autoridad, la experiencia o el control. Requiere escucha, conciencia emocional y herramientas que permitan sostener equipos humanos en un sector profundamente vocacional y exigente.
Conversaciones como esta abren un espacio necesario para repensar cómo se lidera, cómo se cuida y cómo se construye el futuro de los salones desde dentro. Hablar de gestión emocional, comunicación y estructura ya no es un complemento, sino una parte esencial del liderazgo profesional. Solo desde equipos sostenidos, escuchados y alineados es posible crear negocios estables, humanos y con recorrido en el tiempo, capaces de crecer sin perder el sentido ni la vocación que define a la peluquería profesional.

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La profesional como intérprete de la piel: leer lo que la piel dice más allá del diagnóstico técnico

En estética profesional, el diagnóstico ha sido tradicionalmente un proceso técnico: observar la piel, identificar un estado y aplicar un tratamiento adecuado. Sin embargo, el escenario que se perfila hacia 2026 exige ir un paso más allá. La piel no solo se analiza, también se interpreta.
Cada vez más profesionales comprenden que la piel expresa mucho más que una condición puntual. Habla de hábitos, emociones, cambios hormonales, estrés y estilo de vida. Saber leer estos mensajes se convierte en una de las competencias más valiosas de la esteticista contemporánea.
Más allá de la ficha técnica
El diagnóstico técnico sigue siendo imprescindible, pero ya no es suficiente por sí solo. Dos pieles con un mismo diagnóstico pueden necesitar enfoques completamente distintos según su contexto. La intérprete de la piel observa cómo responde, cómo reacciona y cómo evoluciona sesión tras sesión.
Esta lectura profunda permite ajustar protocolos, tiempos y expectativas, evitando tratamientos estándar que no siempre respetan la realidad del tejido.
La piel como reflejo del contexto personal
Cambios de rutina, estrés prolongado, alteraciones del sueño o momentos vitales concretos se manifiestan en la piel. La profesional que sabe identificar estas señales puede acompañar mejor al cliente y ofrecer un enfoque más realista y respetuoso.
No se trata de invadir otros ámbitos profesionales, sino de entender que la piel no es un elemento aislado. Este enfoque refuerza la confianza del cliente y eleva el valor del servicio.
Interpretar para decidir mejor
Leer la piel implica tomar decisiones más conscientes. A veces significa avanzar con suavidad, otras veces pausar, adaptar o incluso posponer un tratamiento. Esta capacidad de interpretación es una muestra clara de criterio profesional.
El cliente percibe cuando una decisión está tomada desde el conocimiento y la observación, no desde la automatización de protocolos.
Un valor diferencial difícil de copiar
Las máquinas se compran y las técnicas se aprenden, pero la capacidad de interpretar la piel se construye con experiencia, formación y sensibilidad profesional. Este saber hacer es uno de los mayores factores de diferenciación del centro de estética.
En un mercado cada vez más competitivo, la interpretación se convierte en un valor añadido que no se puede replicar fácilmente.
Impacto en la fidelización y el negocio
Cuando el cliente siente que su piel es comprendida y acompañada, la relación cambia. Se genera un vínculo de confianza que favorece la continuidad y la fidelización. El centro deja de ser un lugar de paso y se convierte en un espacio de referencia.
Además, este enfoque reduce errores, expectativas irreales y tratamientos poco adecuados, mejorando tanto los resultados como la satisfacción del cliente.
La esteticista de 2026 no solo diagnostica, interpreta. Lee la piel en su contexto, toma decisiones con criterio y acompaña procesos reales. Esta capacidad eleva la profesión, mejora los resultados y posiciona al centro como un espacio de cuidado consciente y profesional.
Porque cuando se entiende lo que la piel expresa, el tratamiento deja de ser una técnica y se convierte en una experiencia transformadora.

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Del tratamiento suelto al plan integral: cómo estructurar protocolos de estética con visión 360

Durante mucho tiempo, la estética profesional ha funcionado a base de tratamientos independientes: una limpieza facial, un tratamiento puntual, una sesión concreta para resolver una necesidad inmediata. Sin embargo, este modelo empieza a mostrar sus límites en un mercado donde el cliente busca coherencia, resultados sostenibles y una experiencia más completa.
De cara a 2026, los centros de estética que lideran el sector están apostando por una visión 360, donde los tratamientos dejan de ser acciones aisladas y pasan a formar parte de planes integrales, estructurados y personalizados.
El agotamiento del modelo puntual
El tratamiento suelto responde bien a necesidades urgentes, pero dificulta la continuidad. Genera una relación intermitente con el cliente, reduce la previsibilidad del negocio y, en muchos casos, provoca frustración cuando los resultados no se mantienen.
Además, obliga a la profesional a “empezar de cero” en cada visita, sin un hilo conductor que dé sentido al proceso. El cliente entra, recibe un servicio y sale sin una hoja de ruta clara.
Qué significa trabajar con una visión 360 en estética
La visión 360 no implica hacer más tratamientos, sino ordenarlos con criterio. Significa diseñar planes que tengan en cuenta el estado de la piel, el estilo de vida del cliente, sus objetivos reales y la evolución prevista en el tiempo.
Un protocolo 360 combina evaluación inicial, tratamiento en cabina, pautas de mantenimiento, seguimiento y reajuste. El centro deja de ofrecer servicios aislados y empieza a ofrecer soluciones completas.
Beneficios para el cliente
Cuando el cliente entra en un plan integral, cambia su percepción del centro. Siente que su piel es comprendida y acompañada, no tratada de forma puntual. Entiende que la mejora requiere constancia y se implica más en el proceso.
Este enfoque reduce la ansiedad por resultados inmediatos y genera expectativas más realistas. El cliente deja de “probar tratamientos” y comienza a confiar en un criterio profesional.
Impacto directo en la rentabilidad del centro
Desde el punto de vista del negocio, los planes integrales aportan estabilidad. Permiten prever agendas, organizar recursos y construir relaciones duraderas. El ticket medio aumenta de forma natural porque el valor se percibe en el conjunto, no en cada sesión.
Además, facilitan la recomendación ética de productos y servicios complementarios, ya que estos forman parte de un plan y no de una venta puntual.
El papel clave de la profesional
Trabajar con protocolos 360 exige un rol más activo por parte de la esteticista. No se trata solo de aplicar técnicas, sino de interpretar la piel, explicar procesos y acompañar al cliente en su evolución.
La profesional gana autoridad y confianza. Se posiciona como experta, no como ejecutora, y eso eleva el nivel del centro y del propio oficio.
Comunicar el plan, no el tratamiento
Uno de los grandes cambios está en la comunicación. El centro deja de anunciar tratamientos sueltos y empieza a comunicar programas, procesos y objetivos. Este lenguaje atrae a un cliente más consciente, menos impulsivo y más alineado con la filosofía del cuidado progresivo.
La claridad en la comunicación es clave para que el cliente entienda el valor del plan integral y se comprometa con él.
La estética profesional de 2026 avanza hacia modelos más estructurados, coherentes y sostenibles. Pasar del tratamiento suelto al plan integral no es solo una decisión técnica, es una estrategia de negocio.
Los centros que adopten una visión 360 no solo mejorarán los resultados en la piel de sus clientes, sino que construirán relaciones más sólidas, agendas más estables y un posicionamiento profesional más fuerte.
Cuando la estética se trabaja con visión, el resultado se multiplica.

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Luana3.0: cuando la peluquería se convierte en un camino para volver a uno mismo

En un sector acostumbrado a hablar de técnica, tendencias y velocidad, hay voces que aparecen para recordarnos que, antes de cortar, colorear o peinar, el profesional trabaja con algo mucho más delicado: la vida de las personas que se sientan en la silla y la suya propia.
Una de esas voces es Luana Prieto, creadora de Luana3.0 y del proyecto educativo BEACH&TEACH.
Luana habla desde un lugar distinto. No enseña solo cómo mover las manos, sino cómo mover la mirada. Cómo pensar. Cómo sentir. Cómo volver a habitar el oficio desde dentro.
En su web y en su blog reflexiona sobre el ego, el cansancio, el ruido mental, la necesidad de parar, la identidad, la creatividad y la importancia de aprender a mirar el cabello sin automatismos. Su manera de entender la peluquería ha resonado en cientos de profesionales que encuentran en ella una brújula para reconectar con el propósito.
Desde revista Tocado, quisimos conversar con ella para entender por qué su visión está transformando la manera en que muchos peluqueros se relacionan con su oficio y consigo mismos.
Tocado: Luana, muchos profesionales te identifican por tu manera tan humana y cercana de enseñar. ¿En qué momento descubriste que tu misión iba más allá de cortar y colorear, y que querías acompañar a otros peluqueros en su crecimiento?
Luana Prieto:En mi caso creo que la vocación de compartir lo que sé es algo que llevo en los genes. Siempre he disfrutado enseñando, ayudando y acompañando a otros, y compartiendo lo que he tenido la gran suerte de aprender.
Desde el principio de mi carrera, esta pasión por enseñar me llevó a formar parte de equipos de formación para grandes marcas como Sebastian Professional, Sassoon Professional o Z-One. En esta etapa aprendí a entender cómo nos gusta aprender a los peluqueros y qué hay que hacer para que una idea que está en mi cabeza acabe estando en la de otro profesional y esa idea le lleve a dar un paso más, a aplicar una nueva técnica o a probar un nuevo estilo. En definitiva, a ser un mejor profesional.
Durante más de 15 años recorrí el país con una maleta enseñando en salones, en hoteles y allí donde había un grupo de profesionales con ganas de aprender.
También pude dar el salto a otros países y descubrir cómo en Buenos Aires, Costa Rica o Río de Janeiro tienen más o menos las mismas preocupaciones y necesidades que en Barcelona cuando hablamos de atender clientes y gestionar un negocio de peluquería o belleza.
He tenido la suerte de poder impartir formación en un salón de un estilista y también en un escenario con más de 2.000 personas. Al final, el tamaño de la audiencia es lo de menos; lo que realmente importa es tener algo interesante que contar y lograr que el mensaje no solo llegue, sino que transforme.
De esto hace ya más de 25 años, y sigo disfrutando de la emoción de enseñar y ayudar a crecer a otros profesionales. ¿Qué puede tener de malo compartir conocimientos y que existan más salones y más profesionales mejor preparados? Si lo piensas, es la única manera correcta y ética de comportarse, así que yo estoy decidida a hacerlo mientras haya una sola persona dispuesta a escucharme y a aprender.
Tocado: En tu proyecto BEACH&TEACH hablas de “enseñar para que el profesional piense por sí mismo”. ¿Qué le falta hoy a la formación en peluquería y qué necesitamos cambiar para que deje de ser solo técnica y pase a ser transformación?
Luana Prieto:¡Beach&Teach es mi locura favorita!
Todo nace de esta idea: si la persona que está al frente del negocio no tiene tiempo de parar, de reflexionar, de mirar su vida y su negocio desde fuera, si la rutina, las facturas y los problemas lo llenan todo, ¿cómo vas a tener espacio y tiempo para pensar en cómo mejorar o tiempo para aprender?
Vivimos en una rueda de producción que nos absorbe y eso no es sano.
Yo he vivido en esa rueda muchos años sin ser consciente de ello, y gracias a un parón forzoso por un motivo de salud tuve que parar y decidí irme a La Graciosa, mi isla mágica, a recuperarme.
Estando allí me di cuenta de que mi cabeza volvía a tener ideas, que volvían las ganas, y todo gracias a ese parón forzoso y a darme permiso, tiempo y espacio para mí.
Por eso creé este programa, en el que el objetivo es precisamente este: reconectar con tus capacidades, aprender en un entorno sin interrupciones y compartir con un pequeño grupo de profesionales experiencias que sumen.
He impartido mil cursos en salas de hotel con proyector, también online y en salones, siempre buscando el hueco, siempre encajando la formación en un espacio residual del día a día, y eso es lo que creo que hay que cambiar.
Si un profesional se atreve a parar, a coger un avión y a darse permiso para crecer, creo que está dando un gran primer paso que va a cambiar el rumbo de su vida personal y profesional.
Muchos me decían: “Estás loca, ¿por qué no lo haces en Madrid, que es más fácil para todo el mundo?”. Y mi respuesta ha sido: “No quiero que sea fácil, quiero que sea una primera prueba de voluntad de cambio y de poner primero lo primero, y lo primero eres tú”.
Tocado: En tu blog reflexionas sobre temas como la autoexigencia, el agotamiento mental o el miedo a evolucionar. ¿Cuál dirías que es la herida más frecuente entre los peluqueros de hoy?
Luana Prieto:Hemos caído en la trampa de “ser” lo que hago para ganar dinero, y para mí eso es un error. Y si ya hablamos de dueños de salón, ahí el nivel de exigencia y presión está tan descompensado con la recompensa que la mayoría, si pudiera, cerraría sus negocios, y lo digo con conocimiento de causa.
Están atrapados en una situación que está muy lejos de ser la que pretendían conseguir cuando decidieron montar su negocio. Horas infinitas, decisiones solitarias, burocracia que cada vez asfixia más, y todo esto para en ocasiones no lograr ni un SMI.
Muchos se han convertido en su propio jefe explotador, y creo que quizás estamos a tiempo de reflexionar y buscar una manera de ser felices mientras atendemos clientes o gestionamos nuestros salones.
El trabajo o el negocio tiene que ser el medio para conseguir la vida que quieres, en nuestro caso haciendo lo que se nos da bien hacer, y eso por sí mismo ya es una suerte que muchas personas no tienen.
Pero ¿qué pasa si por un error de cálculo o por falta de conocimientos ese trabajo o ese negocio se convierte en la fuente de tu infelicidad? Ahí es donde creo que merece la pena frenar en seco, derrapar si hace falta, gritar, maldecir, llorar y tomar decisiones valientes.
Tocado: Muchas personas del sector sienten que no tienen tiempo, pero al mismo tiempo no logran avanzar. Tú insistes mucho en la idea de “parar para poder ver”. ¿Cómo se le enseña a un profesional a detenerse en un mundo que le exige ir rápido?
Luana Prieto:Te lo voy a explicar súper sencillo. Todos podemos parar; la cuestión es que solo lo hacemos cuando ya es demasiado tarde o hemos llegado al límite de nuestras fuerzas y aparece la enfermedad en cualquiera de sus versiones.
Mi madre siempre me decía: “Si tú no paras, la vida te va a parar”, y qué razón tenía.
Cuando más rápido iba, cuando el trabajo lo abarcaba todo, cuando no había tiempo para nada que no fuera ser la mejor y hacerlo mejor, ahí es cuando me rompía una pierna, o me entraba una gastroenteritis, o cosas algo peores.
Entonces me daba cuenta de que, si yo no estaba, el mundo seguía girando, el negocio funcionando, y en la mayoría de los casos acababa descubriendo talento a mi alrededor o personas dispuestas a ayudar.
También aprendía qué cosas de las que yo hacía no eran importantes o imprescindibles, ya que al dejar de hacerlas nada cambiaba.
Por eso soy tan fan del parar, porque me ha enseñado tanto que considero que todos deberíamos autoimponernos esos frenazos sin llegar a que el cuerpo te falle.
Y no, no hablo de los 15 días de agosto en Torrevieja ni en el pueblo. Hablo de una parada consciente para cuidarte, para darte tiempo y permiso, y para recargar pilas.
Seguro que muchas personas al leer estas palabras estarán pensando: “Suena bonito, pero si yo paro, ¿quién factura para seguir pagando todo lo que hay que pagar?”.
Efectivamente, ahí está la clave, en generar modelos de negocio que te permitan esas ausencias mientras el dinero sigue entrando.
Ese ha sido siempre mi objetivo, y después de muchos tropezones creo que hoy puedo decir que lo he conseguido. ¿Ha sido fácil? En absoluto. ¿Ha merecido la pena? Por supuesto.
Tocado: Hablemos del ego, un tema que tú abordas con mucha honestidad. ¿Cómo se gestiona el ego dentro de un salón para que sume y no bloquee la creatividad ni las relaciones?
Luana Prieto:Muy sencillo, ¿hay alguna manera de medir de manera objetiva el ego? ¿Existe un egómetro que diga que tienes un nivel de ego 7,3 sobre 10?
Para mí, la única manera válida de medir y valorar la calidad del trabajo ejecutado por el equipo son los resultados numéricos.
Llevo más de 20 años trabajando con datos, y son los que siempre me han salvado cuando la conversación ha derivado en “pero es que yo soy muy buena haciendo mechas” o “mis clientas están muy contentas”.
Mis respuestas son:¿Cuánto has facturado este mes con tu servicio estrella de mechas?¿Qué margen de beneficio te ha dejado cada uno de esos servicios?¿Tienes cada mes más de un 10 % de reseñas en Google sobre tus visitas?¿Tu puntuación en Google está por encima del 4,5?¿Haces encuestas de satisfacción objetivas, por ejemplo usando el sistema NPS?
Y así, aterrizando las sensaciones en datos objetivos, es como se maneja el ego y podemos empezar a construir un equipo que enfoque la jornada laboral con propósito medible y no solo con el objetivo de cumplir un horario.
Tocado: La peluquería siempre se ha visto como un oficio técnico, pero tú impulsas la idea de que también es un camino emocional, identitario y personal. ¿Qué has aprendido sobre el vínculo entre el cabello y la forma de estar en el mundo?
Luana Prieto:La importancia del cabello y del estilo se resume en estas dos reflexiones.
Primera. Trabajamos en una parte del cuerpo que no podemos ocultar y que exponemos como parte de nuestra imagen 24 horas al día, siete días a la semana. Si lo comparas con un servicio de pedicura, evidentemente es algo importante no solo por imagen sino también por salud, pero ¿cuántos días al año expones tus pies al público comparado con los días que expones tu cabello? Partiendo de esta reflexión, la importancia de encontrar un estilo que refleje en el espejo una imagen con la que te sientas identificado es realmente grande. Los estilistas somos los responsables de acompañar al cliente en este viaje hacia la construcción de su identidad.
Segunda. Cuando todo lo demás desaparece, ropa, maquillaje, etcétera, lo único que te queda para seguir siendo tú es tu cabello.
Cuando trabajo en el salón siempre enfoco mis conversaciones con los clientes desde esta perspectiva: tengo que ayudar a esta persona a ver en el espejo una imagen con la que se sienta feliz, segura y que le permita salir al escenario de la vida sin miedo a no gustar. Este es mi mantra cuando me pongo la camiseta de estilista.
Cuando mi rol es de formación es algo parecido, solo que en este caso lo que intento es poner guapo su negocio.
Tocado: Tus formaciones ponen mucho énfasis en entender el por qué antes que el cómo. ¿Cuándo sentiste que descubrir el propósito cambia la manera de usar las manos?
Luana Prieto:No te sé decir cuándo, lo que sí tengo claro es que sin propósito, sin un por qué, nadie es capaz de mantener el impulso o el esfuerzo en el tiempo.
El motivo es lo que te lleva a encontrar el cómo. Te pongo un ejemplo claro que suelo ver con mis alumnos. Normalmente, al inicio de nuestra relación, yo siempre les pregunto: ¿por qué has decidido buscar mi ayuda?
Normalmente su respuesta acaba siendo el objetivo final que trazamos en nuestra estrategia.
Por ejemplo: “Porque estoy perdiendo clientes y cada vez facturo menos” o “Porque no consigo que mi equipo me haga caso”.
Ahí tenemos el por qué que nos lleva al objetivo. Tenemos que encontrar la causa de la pérdida de clientes, resolverla y activar de nuevo la entrada de estos en el salón. Después de tener esto claro ya viene el “ok, ¿cómo lo hacemos?”. Y ahí es donde empieza la magia, cuando dejamos de lamentarnos y pasamos a la acción.
Tocado: En una de tus reflexiones dices que “si no estás presente, no hay creación”. ¿Cómo se entrena la presencia en un salón donde conviven prisas, ruido, clientes, tareas y mil estímulos al mismo tiempo?
Luana Prieto:Aquí es donde yo aplico mi teoría de las camisetas.
Cuando estoy en el salón y tengo unas horas por delante en las que mi propósito es atender clientes, me pongo la camiseta de estilista y atiendo clientes. No hago nada más, me centro en ese rol.
Ahora bien, lo que no puedo permitir es que esa camiseta o ese rol abarque el 100 % de mi tiempo laboral disponible. Debo marcar tiempos para ponerme la camiseta de directora de equipo, y en ese tiempo planifico reuniones o formaciones.
Luego planifico tiempo para ser propietaria de negocio y me pongo la camiseta que toca. Ahí me reúno con el gestor, revisamos cuentas o analizo el porcentaje de gasto en compras de productos.
También tengo la camiseta de directora de marketing, y en ese tiempo reviso redes sociales y planifico campañas.
Y quizás te estás preguntando si me da tiempo a todo eso. Sí, siempre que no dejes que la camiseta de estilista lo absorba todo. ¿Y cómo se consigue eso? Creando equipo, aunque sobre este tema necesitaría un podcast entero.
Tocado: BEACH·TEACH no es solo formación, es un método de vida. ¿Con qué cambio te gustaría que un profesional saliera después de una de tus clases o acompañamientos?
Luana Prieto:Sobre todo con información y datos reales sobre su situación profesional para tomar decisiones desde la calma y no desde la emoción.
Sin un análisis objetivo y realista vamos a ciegas, y tomar decisiones sin datos es jugar a la ruleta rusa con tu negocio y con tu vida.
Cuando pregunto a mis alumnos sobre datos básicos de sus negocios, en muchas ocasiones me encuentro con que no tienen la información real o no le dan la importancia que realmente tiene.
Si no sabes si tu servicio estrella te deja margen de beneficio, ¿cómo vas a plantearte una subida de precios?
Una vez ves la situación de manera clara y objetiva, puedes empezar a tomar decisiones para conseguir un negocio que sea fuente de tranquilidad y no de problemas.
Mi objetivo con todos mis programas de acompañamiento es siempre este, independientemente de que se unan a Beach&Teach o a mis acompañamientos digitales.
Tocado: ¿Qué consejo le darías a un peluquero que ama su oficio pero está agotado, desconectado o siente que se ha perdido a sí mismo dentro del salón?
Luana Prieto:Que hable conmigo. Seguro que podemos encontrar la manera de empezar a cambiar esas rutinas que le están destruyendo.
No hay una receta mágica que funcione para todos, por eso no puedo ser más clara en esta respuesta. La clave está en analizar cada caso, cada vida, cada persona, y acompañarle en su camino hacia una vida profesional y personal más feliz.
Tocado: Para terminar, ¿qué te inspira hoy? ¿Qué te mueve a seguir creando, enseñando y compartiendo?
Luana Prieto:Veo que sigo teniendo información y herramientas para ayudar a otros profesionales a mejorar sus vidas. Si en algún momento me doy cuenta de que lo que hago no funciona o no suma, buscaré otra cosa, pero mientras siga sintiéndome capaz de ayudar, lo voy a seguir haciendo.

Crear desde dentro: la verdadera revolución
Conversar con Luana es una experiencia que va más allá de la entrevista. Te obliga a detenerte, a escucharte y a recordar por qué empezaste en la peluquería y qué lugar ocupa hoy en tu vida.
Su mensaje es claro: las técnicas cambian, las tendencias pasan, pero la conexión contigo mismo y con tu cliente es lo único que permanece.
En un momento en el que la industria exige rapidez, inmediatez y exposición constante, voces como la suya nos recuerdan que el verdadero valor del oficio está en la presencia, en la mirada, en la intención y en la capacidad de crear desde un lugar auténtico.
La peluquería necesita más espacios para pensar, sentir y compartir. Y proyectos como Luana3.0 son una invitación a volver a la esencia.

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